<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://disenodemoda.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>disenodemoda</title><description/><link>https://disenodemoda.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>MODA EN LA ACTUALIDAD</title><link>https://disenodemoda.blogia.com/2008/032705-moda-en-la-actualidad.php</link><guid isPermaLink="true">https://disenodemoda.blogia.com/2008/032705-moda-en-la-actualidad.php</guid><description><![CDATA[Todos los actores que acabamos de mencionar en el cap&iacute;tulo                      anterior se unen para producir la moda. Pero ese &ldquo;producto&rdquo;                      &ndash;que pasa por tantas manos&ndash; puede ser excelente                      en todo sentido, o puede no serlo: en cuanto a la idea que                      la anima, la calidad, la asequibilidad, la adecuaci&oacute;n                      a la dignidad de quienes la usar&aacute;n... Si tuvi&eacute;ramos                      que calificar la moda de nuestra &eacute;poca, &iquest;qu&eacute;                      dir&iacute;amos? Como es fen&oacute;meno que tiene tantas                      facetas, habr&iacute;a que considerarlo desde diversos puntos                      de vista. Podremos, dentro de los l&iacute;mites reducidos                      de estas consideraciones, calificarla &ndash;o al menos describir                      los rasgos que parecen m&aacute;s relevantes&ndash; desde                      el punto de vista social, econ&oacute;mico, art&iacute;stico,                      tecnol&oacute;gico, y tambi&eacute;n desde su dimensi&oacute;n                      &eacute;tica; porque en resumidas cuentas lo que tiene m&aacute;s                      inter&eacute;s es considerar la moda como fen&oacute;meno                      genuinamente humano.                   <p> <strong>1-Los logros de la moda actual</strong></p>                   <p> Varios elementos muy positivos se pueden apreciar hoy en                      el terreno de la moda. En primer lugar, est&aacute; pr&aacute;cticamente                      al alcance de todos; existe una mayor libertad que en otras                      &eacute;pocas para elegir el vestuario; la industria de la                      moda tiene actualmente considerable prestigio, y existe una                      gran oferta de programas acad&eacute;micos para preparar a                      quienes desean dedicarse a este campo laboral. Tambi&eacute;n                      se aprecia una continua preocupaci&oacute;n por aprovechar                      los adelantos de la ciencia y la t&eacute;cnica: nuevos y                      mejores materias primas, equipos, procedimientos, que permiten                      mejorar la producci&oacute;n y los precios. Desde el punto                      de vista art&iacute;stico y creativo, tal vez nunca antes                      ha existido una gama tan amplia de opciones ante el dise&ntilde;ador,                      lo cual es sin duda algo muy positivo. Por otra parte, la                      econom&iacute;a de muchos pa&iacute;ses recibe de las industrias                      relacionadas con la moda beneficios importantes. Podemos fijarnos                      al menos brevemente en cada uno de estos logros. </p>                   <p><em>1.1 Democratizaci&oacute;n de la moda</em>: Uno de los                      primeros datos que saltan a la vista es que la moda ha dejado                      de ser un fen&oacute;meno de &eacute;lites, para convertirse                      en un fen&oacute;meno de masas. Aunque las clientes de la                      Alta Costura siguen constituyendo un sector especial, las                      nuevas tecnolog&iacute;as y la globalizaci&oacute;n inform&aacute;tica                      &ndash;entre otros elementos&ndash; han conseguido que un                      modelo creado para la Colecci&oacute;n de Primavera de un                      modisto parisino, por ejemplo, se pueda adquirir al poco tiempo                      en una boutique en Beirut, San Salvador o Singapur. Un poco                      m&aacute;s adelante se vender&aacute;n en comercios m&aacute;s                      modestos modelos parecidos, de modo que muchas mujeres pueden                      adquirir prendas de vestir que est&aacute;n &ldquo;a la &uacute;ltima                      moda&rdquo;. La calidad de esta moda producida en masa puede                      ser buena, aceptable o claramente mala, pero al menos llega                      a muchos, si no a casi todos; sin duda es un avance que la                      moda sea cada vez menos un elemento distintivo de una clase                      social entendida como &aacute;mbito impenetrable.</p>                   <p> La moda es, m&aacute;s que nunca, un fen&oacute;meno de                      masas: las fotograf&iacute;as de las pasarelas de hoy en Nueva                      York, Par&iacute;s y Mil&aacute;n llegan en pocas horas, v&iacute;a                      internet, a todo el mundo. La diversificaci&oacute;n de los                      procesos de producci&oacute;n permiten que en muy poco tiempo                      estos modelos (al menos, piezas inspiradas por ellos) se encuentren                      en las salas de venta de las grandes ciudades. Las modistas                      tienen acceso a las mismas fotograf&iacute;as, y tambi&eacute;n                      en un plazo breve se pueden adquirir los patrones necesarios.                      Lo que al principio del reinado de una corriente de moda puede                      ser un poco m&aacute;s caro, casi enseguida podr&aacute; ser                      adquirido por mucho menos precio, al producirse masivamente.</p>                   <p> <em>1.2 Mayor libertad en el vestuario</em>: Desde hace                      varias d&eacute;cadas, las r&iacute;gidas restricciones impuestas                      por las convenciones sociales en torno al vestuario se han                      flexibilizado enormemente, lo cual es muy de agradecer. En                      la &eacute;poca victoriana, por ejemplo, era de rigor que                      una mujer de la aristocracia dispusiera de vestidos distintos                      para cada momento del d&iacute;a: el de estar en la casa,                      el de recibir visitantes, el de salir por la ma&ntilde;ana,                      el de salir por la tarde; tambi&eacute;n el de &ldquo;tomar                      el t&eacute;&rdquo;, y el de gala para la cena. Los trajes                      de baile, de Corte y de luto se a&ntilde;ad&iacute;an a esta                      colecci&oacute;n. La moda actual, por el contrario, busca                      un vestuario que sirva para usos m&uacute;ltiples: se hace                      &eacute;nfasis en conjuntos de piezas intercambiables que,                      con el cambio de accesorios, pueda servir a una mujer para                      ir a una reuni&oacute;n de trabajo en la ma&ntilde;ana, almorzar                      con sus amigas, asistir a una actividad en el colegio de sus                      hijos por la tarde, y acompa&ntilde;ar a su esposo a una cena.                      Por supuesto, tambi&eacute;n es posible adquirir vestidos                      apropiados para la ma&ntilde;ana, ropa m&aacute;s formal como                      para asistir a un cocktail, y vestidos de noche. Pero la exigencia                      de un vestuario espec&iacute;fico para cada ocasi&oacute;n                      se ha flexibilizado hasta tal punto que incluso en las actividades                      sociales m&aacute;s relevantes es f&aacute;cil encontrar tipos                      de vestuarios muy variados. Esto habr&iacute;a sido imperdonable                      en otras &eacute;pocas.</p>                   <p> La mujer tiene posibilidad de escoger entre muchas maneras                      de vestir (un tema distinto es si en la vida real puede adquirir                      las prendas que desear&iacute;a), y de alguna forma, crear                      su propia moda; puede escoger pr&aacute;ctica-mente lo que                      quiera. Por otra parte, ha desaparecido (al menos en gran                      parte) el elemento que podr&iacute;amos llamar &ldquo;vanidad                      de clase&rdquo;, porque en principio no es f&aacute;cil ya                      ubicar en la escala social a una persona por su vestido. Las                      imitaciones de los productos de las grandes marcas son cada                      vez m&aacute;s perfectas; con un presupuesto limitado y una                      serie de decisiones inteligentes, una mujer se puede presentar                      con tanta elegancia como quien tiene la posibilidad de encargar                      los modelos de Alta Costura ($15,000), pagar accesorios sumamente                      caros (carteras, $5,000), zapatos ($1,000, etc).</p>                   <p> Tal vez podr&iacute;amos decir que en este campo estamos                      en el punto opuesto de lo que pretend&iacute;an las Leyes                      Suntuarias &ndash;no tanto al tratar de moderar los gastos,                      cuanto al tratar de marcar un r&iacute;gido c&oacute;digo                      de vestuario para cada clase&ndash;, y esto es sin duda un                      signo de avance social: realmente no tiene sentido (como no                      sea halagar el &ldquo;ego&rdquo; de algunos) tratar de impedir                      que quienes no cuentan con una situaci&oacute;n econ&oacute;mica                      privilegiada se vistan igual que quienes s&iacute; la tienen,                      o al menos traten de vestirse en forma parecida.</p>                   <p> <em>1.3 Profesionalizaci&oacute;n</em>: Este gran desarrollo                      ha tra&iacute;do consigo tambi&eacute;n un incremento del                      recono-cimiento de todos los posibles puestos de trabajo dentro                      de la industria de la moda como pertenecientes a un conglomerado                      laboral prestigioso. Los dise&ntilde;adores, desde el nacimiento                      de la Alta Costura, han gozado de prestigio; en la actualidad                      han surgido innumerables posiciones relacionadas: fot&oacute;grafos                      de moda, modelos, cosmet&oacute;logos, editores de revistas                      de moda, columnistas sobre temas de moda, conservadores en                      museos de textiles, ilustradores de im&aacute;genes de moda,                      dise&ntilde;adores de vitrinas, encargados de mercadeo, adem&aacute;s                      del gran ej&eacute;rcito de artesanos que, en muchos pa&iacute;ses                      del mundo, se dedican a bordar, tejer, curtir pieles, hacer                      botones, broches, mostacilla, etc.</p>                   <p> En estrecha relaci&oacute;n con el car&aacute;cter cada                      vez m&aacute;s profesional de estas tareas est&aacute; el                      auge que han tenido los centros docentes dedicados a preparar                      a los estudiantes para ejercerlas. Las Escuelas patrocinadas                      por la C&aacute;mara Sindical de la Alta Costura ofrecen cursos                      desde 1928, pero ha sido en los &uacute;ltimos 10 &oacute;                      15 a&ntilde;os cuando se han multiplicado estas iniciativas,                      ofreciendo preparaci&oacute;n para pr&aacute;cticamente todas                      las facetas de la moda: dise&ntilde;o de interiores, producci&oacute;n,                      publicidad, mercadeo... Esto ha supuesto un gran impulso para                      la industria, que puede contar cada a&ntilde;o con nuevos                      elementos que se incoporan a este campo de trabajo.</p>                   <p> <em>1.4 Libertad creativa</em>: La gama de colores, texturas,                      materiales, es ampl&iacute;sima. No hay una dominaci&oacute;n                      extrema como la que ocurr&iacute;a en los a&ntilde;os en los                      que Worth &ldquo;rein&oacute;&rdquo; sobre la moda: las grandes                      f&aacute;bricas de telas y encajes de Lyon le enviaban muestras                      y con base en sus decisiones se produc&iacute;an o no. Para                      que fuera rentable la producci&oacute;n industrial se orientaba                      por los cauces que Worth estableciera, aunque naturalmente                      no todo el material era adquirido por su Casa de modas. Pero                      en el mercado textil era &eacute;ste el material que los dem&aacute;s                      modistos pod&iacute;an adquirir, porque era el que la industria                      hab&iacute;a producido en cantidad. Nadie se arriesgaba a                      producir una tela o un adorno que Worth no fuera a emplear.                      Este tipo de restricci&oacute;n de hecho es cosa del pasado.                      El juego del mercado es el que tiene la &uacute;ltima palabra.                      Los dise&ntilde;adores y quienes producen elementos de vestuario</p>                   <p> <em>1.5 Adelantos tecnol&oacute;gicos</em>: En gran parte,                      la libertad creativa y la democratizaci&oacute;n de la moda                      se deben a los grandes adelantos t&eacute;cnicos que se han                      incorporado al campo de la moda. Podr&iacute;a decirse que                      este proceso de llevar la moda a todos comenz&oacute; con                      el advenimiento de la m&aacute;quina de coser, y con la producci&oacute;n                      de los primeros patrones, que Amos Butterick lanz&oacute;                      al mercado en 1858. En la actualidad, todas las fases del                      proceso de creaci&oacute;n, distribuci&oacute;n y venta de                      las prendas se han beneficiado de nuevas t&eacute;cnicas.                      Si antes hab&iacute;a que cortar las piezas una a una, hoy                      en d&iacute;a las m&aacute;quinas permiten cortar 500 de un                      solo movimiento; la creaci&oacute;n del dise&ntilde;ador se                      facilita con programas cibern&eacute;ticos que le permiten                      la elaboraci&oacute;n virtual de cualquier prenda, en cualquier                      color y textura, con lo que se evita mucho trabajo que antes                      era inevitable. Aunque las colecciones en vivo siguen siendo                      un punto focal de la industria, y tienen su &ldquo;m&iacute;stica&rdquo;                      especial, muchos dise&ntilde;adores recogen sus colecciones                      en videos que despu&eacute;s son enviados a clientes en todo                      el mundo.</p>                   <p> Entre los m&aacute;s recientes proyectos est&aacute; la                      Tecnolog&iacute;a de Percepci&oacute;n Sensorial, que consiste                      en un tratamiento de micro-encapsulaci&oacute;n para textiles                      con un gran potencial. Mediante esta tecnolog&iacute;a se                      puede enriquecer la tela (algod&oacute;n, lana o fibras sint&eacute;ticas)                      con sustancias tales como aloe vera, vitaminas, repelentes                      contra insectos, por ejemplo. Las cortinas, alfombras y cubrecamas                      pueden tratarse para que desprendan fragancias, a la vez que                      rechazan ataques de hongos y bacterias. Incluso se ofrecen                      ya en el mercado s&aacute;banas tratadas con aroma de lavanda                      y de manzanilla, que pueden inducir el sue&ntilde;o. En la                      Universidad Polit&eacute;cnica de Hong Kong se trabaja en                      un tratamiento que convierta a las telas en &ldquo;auto-lavables&rdquo;;                      al tratar las fibras con di&oacute;xido de titanio, la tela                      realiza por s&iacute; misma el proceso de liberarse de los                      diversos tipos de suciedad. Por su parte, la Universidad de                      Leeds (Inglaterra) trabaja en un instrumento que facilitar&aacute;                      el trabajo en los telares. Usando un rayo de luz y un sensor                      de luminosidad similar a los que se encuentran en las c&aacute;maras                      digitales, se podr&aacute; medir la tensi&oacute;n del hilo                      &ndash;que es esencial para la adecuada producci&oacute;n                      de la tela&ndash; sin detener la maquinaria (39)</p>                   <p> No quiere decir que estos adelantos faciliten el trabajo                      por igual: como se pudo ver en la &ldquo;maquila&rdquo; de                      Madr&aacute;s, muchos empresarios tienen en uso aparatos obsoletos,                      y emplean medios rudimentarios. Pero al menos puede decirse                      que existen los equipos y los instrumentos que facilitan la                      creaci&oacute;n y permiten acelerar el proceso de elaboraci&oacute;n                      y distribuci&oacute;n de cualquier prenda o accesorio. Esto                      promete poner en manos de los consumidores un producto mejor,                      a menos costo y en un tiempo m&aacute;s breve.</p>                   <p> <em>1.6 Generaci&oacute;n de ingresos</em>: Como ya se ha                      mencionado, la industria de la moda, con todas sus ramificaciones,                      mueve muchos billones de d&oacute;lares; genera grandes ingresos                      para muchos pa&iacute;ses y da empleo a gran cantidad de personas.                      Basta pensar que en 1998 los norteamericanos adquirieron 17.2                      billones de piezas de vestir, y a la vez desecharon m&aacute;s                      de cien mil toneladas de ropa usada. En la cumbre de la industria                      est&aacute;n los grandes conglomerados, seguidos por las grandes                      empresas productoras, los grandes almacenes, pasando por las                      industrias de menor envergadura hasta llegar a las maquilas,                      las boutiques y lo que se considera como el escal&oacute;n                      &uacute;ltimo del mundo de la moda: el negocio de las prendas                      recicladas. Junto con los beneficios que reporta para la econom&iacute;a                      de muchos pa&iacute;ses, habr&iacute;a que mencionar una considerable                      deshumanizaci&oacute;n del proceso: en el af&aacute;n de &ldquo;ganar                      m&aacute;s&rdquo;, se busca la producci&oacute;n masiva al                      menor costo posible, y se ubican las maquilas en pa&iacute;ses                      sin legislaciones fuertes de protecci&oacute;n a los trabajadores                      ni a&uacute;n a los menores trabajadores. Por otra parte,                      en el dise&ntilde;o de las prendas no parecen entrar en juego                      consideraciones que no sean reductibles a la mayor ganancia</p>                   <p> <strong>2-&iquest;Hay algo que cambiar?</strong></p>                   <p> Despu&eacute;s de contemplar tantos rasgos positivos de                      la moda en la actualidad, es natural examinar si hay otros                      rasgos que podr&iacute;an considerarse menos positivos o claramente                      negativos. Tiene sentido hacerlo, porque as&iacute; como los                      primeros son como caminos amplios por los que puede seguir                      avanzando la moda, los segundos est&aacute;n llamados a mejorar.                      Y entre estos rasgos cabr&iacute;a mencionar tambi&eacute;n                      varios, pero dos pr&aacute;cticamente engloban a todos los                      dem&aacute;s: el consumismo, provocado en gran parte por la                      enorme presi&oacute;n publicitaria, y la falta de consideraci&oacute;n                      por la dignidad de la persona humana, especialmente la mujer.</p>                   <p> <em>2.1 La presi&oacute;n publicitaria</em>: Las t&eacute;cnicas                      de mercadeo, ayudadas por la difusi&oacute;n de im&aacute;genes                      globalizada, y por estudios cada vez m&aacute;s sofisticados                      sobre la psicolog&iacute;a del hombre y de la mujer, se han                      multiplicado y han ganado en incisividad y eficacia. Se dirige                      a &ldquo;captar&rdquo; la voluntad y orientarla a la compra,                      sea de alimentos, de carros o de lugares donde ir de vacaciones.                      La presi&oacute;n se siente con fuerza tambi&eacute;n en lo                      relacionado con la industria del vestido, los accesorios,                      los cosm&eacute;ticos. Se asume que cada producto es lo &ldquo;&uacute;ltimo&rdquo;,                      y que poder contar con lo &ldquo;&uacute;ltimo&rdquo; es condici&oacute;n                      y garant&iacute;a de felicidad. Si no encuentra oposici&oacute;n,                      conduce al consumismo y a la ansiedad: no hay posibilidad                      de disfrutar tranquilamente de lo que se ha comprado, porque                      enseguida aparece otro producto m&aacute;s reciente, el verdadero                      &ldquo;&uacute;ltimo&rdquo;, y hay que adquirirlo. <br />                     El avance de la inform&aacute;tica y la globalizaci&oacute;n                      de la informaci&oacute;n es algo muy &uacute;til, pero es                      tambi&eacute;n un arma poderosa para inducir a comprar. Lo                      que se presenta esta tarde en una pasarela en Par&iacute;s,                      New York, Mil&aacute;n o Tokio, o en cualquier otro lugar,                      tiene la posibilidad de ser visto ma&ntilde;ana en casi todo                      el mundo. Esto era completamente impensable en &eacute;pocas                      pasadas (recordemos el af&aacute;n con el que se esperaba                      la llegada de las &ldquo;pandoras&rdquo;, las mu&ntilde;ecas                      parisinas que luc&iacute;an los modelos de moda).</p>                   <p><em>2.2 Consumismo</em>: &ldquo;A&ntilde;adimos piezas de                      ropa al armario, como se a&ntilde;ade agua a un r&iacute;o                      que ya est&aacute; crecido&hellip;&rdquo;, (40) comenta con                      raz&oacute;n una autora. El hecho de que la moda est&eacute;                      al alcance de muchos, unido a la presi&oacute;n publicitaria,                      ha tra&iacute;do como consecuencia que la industria de la                      moda, como ya se apunt&oacute; antes, sea una de las m&aacute;s                      fuertes econ&oacute;micamente hablando; pero algo a primera                      vista tan positivo, si se maneja sin moderaci&oacute;n, pueden                      hacer de la industria de la moda un terreno &oacute;ptimo                      para lucrar. Las ganancias pueden ser enormes, pero para ganar                      m&aacute;s hay que producir m&aacute;s, y si se produce m&aacute;s,                      es necesario que la gente &ldquo;sienta la necesidad de tener                      m&aacute;s&rdquo;, y &ldquo;compre m&aacute;s&rdquo;. &ldquo;El                      materialismo pr&aacute;ctico, tan difundido en la sociedad                      opulenta, tiene por alma el esp&iacute;ritu de riqueza, que                      provoca un ferviente enamoramiento de los bienes de la tierra,                      considerados como el supremo valor&rdquo; (41) .</p>                   <p> Se ha desarrollado as&iacute; una mentalidad de consumo                      en el usuario (no s&oacute;lo en la moda, como es de suponer)                      que conduce a gastos tal vez innecesarios o mayores de lo                      que deber&iacute;an ser. As&iacute; describe acertadamente                      la situaci&oacute;n el Prof. Jos&eacute; Orlandis: &ldquo;La                      segunda mitad del S. XX ha legado al S. XXI un fen&oacute;meno                      sin precedentes en la historia: la aparici&oacute;n en los                      pa&iacute;ses del Primer Mundo de una sociedad en la cual                      la mayor&iacute;a de sus miembros disfrutan de un razonable                      nivel de bienestar, hasta el punto de que esa sociedad, en                      su conjunto, merece el apelativo de &lsquo;opulenta&rsquo;&rdquo;(42)                      . Y agrega: &ldquo;La sociedad opulenta ha multiplicado el                      n&uacute;mero de bienes a disposici&oacute;n del hombre, y                      al promover el af&aacute;n ilimitado de consumo, ha generado                      el vicio del &lsquo;consumismo&rsquo;. El mundo ha ido llen&aacute;ndose                      de &lsquo;cosas&rsquo; y &eacute;stas han ido suscitando nuevas                      apetencias. Los hombres descubren cada d&iacute;a otras necesidades,                      y estiman que su satisfacci&oacute;n es indispensable para                      alcanzar la felicidad&rdquo;(43). </p>                   <p>En el campo de la moda el consumismo lleva a adquirir piezas                      de vestir, accesorios, cosm&eacute;ticos... en mucha mayor                      cantidad que la que ser&iacute;a realmente necesaria. Por                      ejemplo, aunque &ndash;como se mencion&oacute; al hablar de                      la mayor libertad en el terreno del vestuario&ndash; ya no                      es necesario cambiarse cuatro o cinco veces al d&iacute;a,                      se ofrece mercanc&iacute;a novedosa cada d&iacute;a, que de                      facto hace que la comprada anteriormente resulte obsoleta.                      Es muy interesante comprobar los esfuerzos de mercadeo dirigidos                      a ni&ntilde;os y j&oacute;venes: no s&oacute;lo se les anima                      a ser ellos los que escojan sus atuendos, sin ninguna intervenci&oacute;n                      paterna; se les ofrecen juguetes que est&aacute;n pensados                      para crear paulatinamente &ndash;o en un plazo muy breve&ndash;                      la mentalidad de consumo en lo referido al vestuario. Hay                      mu&ntilde;ecas &ldquo;modelos&rdquo; que vienen acompa&ntilde;adas                      con varios conjuntos de moda, con innumerables accesorios,                      con cosm&eacute;ticos (para la mu&ntilde;eca y para la due&ntilde;a).                      Se ha extendido la costumbre de anunciar &ldquo;sets&rdquo;:                      por ejemplo, antes se usaba un perfume; ahora se promueve                      la idea de contar con un &ldquo;guardarropa&rdquo; (wardrobe)                      de perfumes; hay posibilidad de comprar champ&uacute; para                      pelo largo oscuro, grado de especializaci&oacute;n realmente                      dif&iacute;cil de comprender... La publicidad recurre a frases                      como &ldquo;Les Must&rdquo; (que vendr&iacute;a a significar                      las cosas que hay que tener, los elementos indispensables,                      sin los cuales no se puede estar), &ldquo;Essential&rdquo;,                      y otros similares.</p>                   <p> Si el proceso de elaborar una prenda &ndash;desde su dise&ntilde;o                      hasta su venta&ndash; es tan complejo, como se coment&oacute;                      al hacer referencia al &ldquo;mundo de la moda&rdquo;, es                      natural que una pieza que debe atravesar tantas etapas se                      encarezca para cubrir el margen de ganancias de cada una de                      ellas. Pero es precisamente aqu&iacute; donde Coleridge denuncia                      lo que llama &ldquo;la conspiraci&oacute;n de la moda&rdquo;.                      &ldquo;La conspiraci&oacute;n de la moda no es simplemente                      una conspiraci&oacute;n de subir el precio a ropas caras alrededor                      del mundo, es una conspiraci&oacute;n de gusto y de negociaci&oacute;n:                      la prerrogativa de los editores internacionales de moda para                      determinar c&oacute;mo se vista el mundo, y de qu&eacute;                      manera su objetividad puede ser minada, la desp&oacute;tica                      vanidad de los dise&ntilde;adores y la dureza de los compradores                      de almacenes para distribuir su inmenso presupuesto &ldquo;abierto                      para compras&rdquo;. Con frecuencia la conspiraci&oacute;n                      es una conspiraci&oacute;n de silencio. Una revista hace enormes                      esfuerzos en hacer que ropa mala se vea bien, porque el dise&ntilde;ador                      es un fuerte anunciante en la revista. Los dise&ntilde;adores                      principales ejercen una extraordinaria presi&oacute;n en los                      almacenes por departamentos para obtener un &aacute;rea prominente,                      a la vez que roban ideas a los rivales m&aacute;s peque&ntilde;os.                      Los almacenes de departamentos, por su parte, aprueban el                      espionaje con tal de a&ntilde;adir una etiqueta particular                      a su sal&oacute;n de dise&ntilde;adores&rdquo; (44). <br />                     Muy relacionado con el consumismo (porque es una de sus motivaciones                      m&aacute;s poderosas) se encuentra lo que se conoce como &ldquo;snobismo&rdquo;,                      y que en el fondo tiene los mismos ingredientes que la simple                      vanidad, y se especializa en el uso de determinadas marcas.</p>                   <p> Es el af&aacute;n de ser aceptado y el deseo de afirmaci&oacute;n                      &ndash;mencionados anteriormente&ndash; llevados a un extremo.                      Ya no es suficiente tener &ldquo;cosas&rdquo;, o simplemente                      &ldquo;tener m&aacute;s cosas&rdquo;, sino hay que tener &ldquo;determinadas                      cosas&rdquo;. En el campo de la moda esto se refiere al gran                      tema de &ldquo;las marcas&rdquo;. Estamos aqu&iacute; ante                      un fen&oacute;meno complejo: no se trata ya de vestirse, ni                      de hacerlo de acuerdo a los colores, corte, etc. de moda;                      se trata de usar algo (o todo, en casos extremos) de una marca                      que, por las razones que sea, se considera como requisito                      para estar &ldquo;a la &uacute;ltima&rdquo;. Las marcas &ldquo;de                      moda&rdquo; cambian, pero permanece desde hace varios a&ntilde;os                      esta manifestaci&oacute;n de &ldquo;deseo de imitar&rdquo;,                      &ldquo;deseo de ser aceptado&rdquo;.</p>                   <p> Esto ha provocado una ola creciente de imitaciones, a veces                      muy perfeccionadas; hace algunos a&ntilde;os &ndash;y es posible                      que todav&iacute;a sea as&iacute;&ndash; en la Tercera Avenida                      de Manhattan, en pleno y elegante East Side, se colocaban                      vendedores ambulantes con mesas llenas de bolsas y pa&ntilde;uelos                      de seda, relojes, joyer&iacute;a... Eran imitaciones bien                      hechas, tanto que es posible que si se hubieran exhibido las                      bolsas en las vitrinas de Vuitton o Gucci, los pa&ntilde;uelos                      de seda en Chanel o Nina Ricci, los relojes en Cartier y la                      joyer&iacute;a en Bulgari tal vez a muchos les habr&iacute;a                      costado distinguir que se trataba de falsificaciones. Se trafica                      con el deseo de muchas mujeres de tener &ldquo;algo&rdquo;                      que al menos parezca haber salido de una de las grandes casas                      de moda. Para los j&oacute;venes, la cantidad de pantalones                      de mezclilla (&ldquo;blue jeans&rdquo;) que se venden con                      marca falsa &ndash;a una fracci&oacute;n del precio del original&ndash;                      es asombrosa. Y esta mentalidad se ha difundido por muchos                      pa&iacute;ses, donde en los pueblecitos m&aacute;s rec&oacute;nditos                      se encuentran piezas de vestir con alguna de las grandes marcas                      bien visible: son las falsificaciones que est&aacute;n posiblemente                      en el extremo inferior de la escala, pero tienen &eacute;xito                      entre un determinado tipo de compradores.</p>                   <p> <em>2.3 La falta de respeto a la dignidad de la persona</em>:                      En relaci&oacute;n a la dimensi&oacute;n &eacute;tica de la                      moda, ante cualquier observador se pone de manifiesto que                      ha habido un declive en el respeto a la dignidad de la persona,                      y concretamente a la mujer. Se hizo referencia anteriormente                      a la dimensi&oacute;n &eacute;tica de la moda, y con base                      en lo que entonces se dijo, se puede f&aacute;cilmente calificar                      a muchas modas actuales como carentes de pudor. &ldquo;Calificar&rdquo;                      requiere contrastar lo real contra lo ideal, el &ldquo;ser&rdquo;                      contra el &ldquo;debe ser&rdquo;. Para quien sustente una                      postura relativista, un intento de este tipo carece de sentido;                      dentro de este modo de entender la realidad, no hay bien ni                      mal, y por tanto no es posible hablar de un &ldquo;deber ser&rdquo;,                      ni de la moda ni del hombre en su totalidad. Pero para quien                      se fundamenta en la recta comprensi&oacute;n del hombre y                      la mujer, s&iacute; es posible al menos llegar a formarse                      un juicio sobre la adecuaci&oacute;n de una moda concreta                      a los requerimientos que se derivan del deseo de defender                      la propia intimidad (pudor).</p>                                        <p> <em>2.3.1 La p&eacute;rdida del sentido del pudor</em>.                        A nadie escapa el creciente deterioro moral que ha tenido                        lugar en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Es evidente                        que la moda es permisiva, porque la sociedad es permisiva;                        ha perdido el anclaje con los valores fundamentales, y ha                        confundido los t&eacute;rminos. En nombre de los derechos                        humanos se aborta, en nombre de la libertad de expresi&oacute;n                        se agrede, en nombre de la libre investigaci&oacute;n cient&iacute;fica                        se hacen manipulaciones gen&eacute;ticas que no le pasaban                        a nadie por la mente hace algunos a&ntilde;os. Es m&aacute;s                        que natural que este estado de cosas se refleje como en                        un espejo en la manera de vestir. Y a la vez, la manera                        de vestir permisiva (mejor podr&iacute;amos decir, al margen                        de toda consideraci&oacute;n antropol&oacute;gica o &eacute;tica)                        provoca y agudiza la permisividad en la conducta.</p>                     <p> La velocidad vertiginosa de los medios de comunicaci&oacute;n,                        por otra parte, hace posible que modas faltas de pudor le                        den la vuelta al mundo, y generen un inter&eacute;s y una                        difusi&oacute;n que no merecen. Y no hace falta gran clarividencia                        para percibir la conexi&oacute;n directa que existe entre                        la moda que no respeta el pudor y el aumento vertiginoso                        del n&uacute;mero de divorcios o el desprecio frontal al                        matrimonio. Como esta conexi&oacute;n existe, es posible                        pensar que una mejora en la &ldquo;dignificaci&oacute;n&rdquo;                        de la moda redundar&aacute; en la &ldquo;dignificaci&oacute;n&rdquo;                        de la mujer, la restauraci&oacute;n de la familia y la elevaci&oacute;n                        moral de la sociedad.</p>                     <p> En el fondo del olvido o del desprecio del pudor en el                        vestido se encuentran elementos tales como el relativismo,                        el naturalismo y el abierto y claro hedonismo, que han conseguido                        pernear la cultura durante muchos a&ntilde;os. Hay quienes                        consideran que la modestia (que es el pudor manifestado                        en la forma de vestir) es totalmente innecesario, asunto                        de convencio-nalismo y costumbre. Ser&iacute;a una cuesti&oacute;n                        relativa, depender&iacute;a de la cultura en la que se est&aacute;                        inmerso, del momento hist&oacute;rico y otras variables                        similares. Se le puede aplicar el comentario que un autor                        hace sobre la apreciaci&oacute;n de la belleza, que entiende                        como &ldquo;asunto de educaci&oacute;n; una vez que uno                        se acostumbra a algo, no importa cu&aacute;n raro o estrafalario,                        no pensar&aacute; que lo es, despu&eacute;s de un tiempo.                        Cuando yo sal&iacute; de China por primera vez y vi a ni&ntilde;as                        caminando por la calle con su pelo suelto sobre sus hombros,                        me sent&iacute; un poco extra&ntilde;ado. Pens&eacute; en                        lo descuidados que sin duda ser&iacute;an sus padres para                        dejar salir a sus hijas en tal estado de descuido. M&aacute;s                        adelante me di cuenta que era la moda, y cambi&eacute; mi                        modo de pensar, hasta que poco a poco llegu&eacute; a considerarlo                        muy bonito&rdquo; (45) . Es cierto que mucho en el vestir                        es convencional y por tanto relativo &ndash;es decir, fruto                        de ponernos de acuerdo sobre algo, y en el terreno de la                        moda &ldquo;el ojo se acostumbra a todo&rdquo;. Pero hay                        algo objetivo: la intimidad corporal necesita protecci&oacute;n,                        y esta protecci&oacute;n se la brinda el vestido.</p>                     <p> <em>2.3.2 &iquest;Ten&iacute;a raz&oacute;n Rousseau?</em>:                        Desde un plantea-miento naturalista, nada que se refiera                        al hombre y la mujer puede ser lesivo para su dignidad;                        todo lo que brota natural y espont&aacute;neamente del ser                        humano ser&iacute;a bueno. Cualquier intento de proteger                        la intimidad corporal ser&iacute;a considerado innecesario,                        porque del cuerpo y las actitudes hacia &eacute;l &ldquo;no                        puede surgir nada malo&rdquo;. Este planteamiento, propuesto                        inicialmente por Rousseau e incorporado plenamente en la                        educaci&oacute;n moderna en muchos pa&iacute;ses, parte                        de algo tan cierto como que el cuerpo &ldquo;es bueno&rdquo;,                        pero olvida un ingrediente importante, esencial para entender                        la vida y la conducta humanas: el ser humano no es perfecto,                        tiene las potencialidades necesarias para adquirir esa perfecci&oacute;n,                        y las desarrollar&aacute; a base de superar obst&aacute;culos                        y alcanzar metas. Uno de esos obst&aacute;culos surge de                        la propia naturaleza humana, porque est&aacute; inclinada                        al error y da&ntilde;ada por la tendencia a obrar mal: es                        lo que en la teolog&iacute;a cat&oacute;lica se denomina                        &ldquo;consecuencias del pecado original&rdquo;, una de                        las cuales es la que se conoce como &ldquo;concupiscencia&rdquo;,                        y que es causa de que todo hombre y toda mujer se vea inmerso                        en una tensi&oacute;n interior, que nadie ha descrito mejor                        que San Pablo en el siglo I. En un mundo donde no existiera                        la concupiscenia, no habr&iacute;a necesidad de vestuario                        alguno, porque no habr&iacute;a ning&uacute;n desorden en                        las apetencias del cuerpo. Pero no es el caso: estamos en                        un mundo en el que s&iacute; tiene su lugar, y muy importante,                        el pudor.</p>                     <p> Las dos posturas mencionadas, relativismo y naturalismo,                        han contribuido tambi&eacute;n a la atm&oacute;sfera de                        permisividad y hedonismo que caracteriza nuestra &eacute;poca.                        No es s&oacute;lo el<em> laissez passer, laissez faire</em>,                        sino un agresivo materialismo que intenta empapar toda la                        sociedad humana. El hedonismo, por su parte, hijo del materialismo,                        lleva a considerar el placer como fin &uacute;ltimo y &uacute;nico                        de la vida. En el cuerpo no ve nada m&aacute;s que un instrumento                        de placer: se le escapa toda noci&oacute;n sobre su uni&oacute;n                        con el alma espiritual, la dignidad de ser depositario de                        la capacidad de conocer y de querer, desprecia toda consideraci&oacute;n                        sobre el valor de la sexualidad integrada en el todo de                        la persona. Ante esa atm&oacute;sfera de hedonismo, la moda                        no es indiferente. Si no tiene el cuidado de cubrir el cuerpo                        adecuadamente, fomenta la tendencia a verlo como objeto                        de placer. Y es esa la impresi&oacute;n que dan muchos modelos                        actuales.</p>                     <p> <em>2.3.3 &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la medida exacta?</em>                        El paso del tiempo puede modificar las costumbres, y puede                        cambiar la manera de entender hasta qu&eacute; punto debe                        llegar esa protecci&oacute;n a la intimidad: por ejemplo,                        antes del siglo XX una falda que dejara gran parte de la                        pantorrilla al descubierto se consideraba escandalosa, y                        un atentado contra el pudor de la mujer. El largo de la                        falda ha subido, bajado, vuelto a subir, de acuerdo a las                        tendencias de la moda. Pero hay un l&iacute;mite, y si se                        sobrepasa, se est&aacute; descubriendo la intimidad y se                        est&aacute; colaborando con la atm&oacute;sfera hedonista,                        en vez de colaborar en irla eliminando. &iquest;Qui&eacute;n                        establecer&aacute; ese l&iacute;mite? &iquest;Y cu&aacute;l                        es? De acuerdo a las costumbres del S. XVI, quien levantara                        el ruedo una o dos pulgadas del suelo estaba enviando un                        mensaje, y no precisamente de rectitud de conducta. En el                        s. XXI la falda puede llegar a la rodilla o unos cent&iacute;metros                        m&aacute;s abajo, pero siempre varias pulgadas m&aacute;s                        arriba de lo que se usaba hace 400 a&ntilde;os, y sin embargo                        no env&iacute;a en s&iacute; misma ese mensaje.</p>                     <p> Ahora bien, el sentido com&uacute;n (entre otros elementos)                        ayuda a entender que una falda excesivamente corta &ndash;como                        la &ldquo;minifalda&rdquo; que hizo furor desde que fuera                        propuesta en los a&ntilde;os 1960s por la dise&ntilde;adora                        inglesa Mary Quant como el s&iacute;mbolo de lo moderno                        y &ldquo;audaz&rdquo; &ndash; no es compatible normalmente                        con las exigencias del pudor. Ataviada (mal ataviada) con                        una falda tan corta, la usuaria llama la atenci&oacute;n                        hacia su intimidad corporal &ndash;aunque manifieste que                        esa no es su intenci&oacute;n, e incluso en el supuesto                        que alguien la crea.; &eacute;sta queda m&aacute;s expuesta                        todav&iacute;a al caminar, agacharse, sentarse, cruzar la                        pierna, y es f&aacute;cil darse cuenta. Ya no es cuesti&oacute;n                        de usos convencionales: es cuesti&oacute;n de sentido com&uacute;n,                        que indica que esa exhibici&oacute;n del cuerpo no es acorde                        con el respeto ni a la dignidad propia ni a la ajena.</p>                     <p> <em>2.3.4 La imagen de la mujer</em>: El panorama real                        de la moda, con toda su riqueza de matices pero tambi&eacute;n                        con su espiral descendente hacia el permisivismo total,                        puede causar desaz&oacute;n. Sobre todo porque se presenta                        como una fuerza muy poderosa (y lo es), que no lleva visos                        de estar dispuesta a mostrarse m&aacute;s respetuosa con                        la dignidad de la persona. Por el contrario, es evidente                        que se muestra cada d&iacute;a m&aacute;s agresiva, como                        quien sabe que nada ni nadie podr&aacute; hacerla volver                        atr&aacute;s. Son ya varias las generaciones de ni&ntilde;as                        y adolescentes que no han o&iacute;do siquiera mencionar                        que existe una actitud no s&oacute;lo muy conveniente, sino                        indispensable para el desarrollo de la persona, que orienta                        a custodiar la intimidad. Por el contrario, se les ha ense&ntilde;ado                        por todos los medios que tales actitudes eran cosa del pasado,                        propias de &eacute;pocas en las que todav&iacute;a exist&iacute;an                        muchos prejuicios y tab&uacute;es, que ya no tienen ninguna                        vigencia. Despu&eacute;s de escuchar d&iacute;a tras d&iacute;a                        slogans tales como &ldquo;Mi cuerpo es m&iacute;o y hago                        con &eacute;l lo que quiero&rdquo;, es ciertamente dif&iacute;cil                        captar la necesidad y la grandeza de la virtud de la castidad,                        no digamos del pudor y la modestia. </p>                     <p>La moda parece haber alcanzado actualmente un hito &ndash;aunque                        ser&iacute;a tal vez m&aacute;s correcto decir &ldquo;una                        sima&rdquo;&ndash; de desconsideraci&oacute;n por la dignidad                        humana, y en especial de irrespeto por la imagen de la mujer.                        El erotismo en la forma de vestir se presenta como arte                        y la falta de toda consideraci&oacute;n a la dignidad propia                        y ajena se promueve como &ldquo;audacia&rdquo;; esta forma                        de presentarse se promueve por todos los medios, y desde                        la infancia. Es consecuencia (y causa, al mismo tiempo)                        del grave deterioro moral por el que atraviesa la sociedad,                        al menos la sociedad occidental, aunque por su enorme influencia                        en relaci&oacute;n a la moda es posible afirmar que se trata                        de un fen&oacute;meno universal. Las poderosas fuerzas que                        mueven la moda parecen estar empe&ntilde;adas en sembrar                        un ambiente de erotismo que ha tenido, tiene y tendr&aacute;                        consecuencias nefastas. Pero, aunque algunos pretendan presentarlo                        as&iacute;, el erotismo no es un valor cultural, ni una                        forma sofisticada de arte. Es una nueva forma de servidumbre:                        la mujer es degradada, para presentarla como esclava sexual.(46)                        Refiri&eacute;ndose a esta situaci&oacute;n, un autor comenta                        acertadamente: &ldquo;En muy buena parte, los medios masivos                        de comunicaci&oacute;n, los anuncios publicitarios y mil                        publicaciones han contribuido a mostrarnos otro tipo, muy                        deformado y parcial, de lo que es la mujer. Muestran un                        modelo de mujer muy reducido, para contemplar su cuerpo,                        destacando s&oacute;lo lo que tiene de bello o de placentero                        a los sentidos&rdquo; (47) . Pero una mujer sin pudor carece                        de uno de sus mayores encantos; ha cambiado el toque de                        misterio que atrae, por la exposici&oacute;n p&uacute;blica                        de aquello que por su misma naturaleza reclama ser privado,                        &iacute;ntimo, pose&iacute;do y entregado libremente, en                        el &uacute;nico y riqu&iacute;simo &aacute;mbito propio:                        el amor esponsal. Por definici&oacute;n, el amor verdaderamente                        humano reclama la exclusividad y la permanencia: uno, con                        una y para siempre. En esa relaci&oacute;n del &ldquo;uno                        con una&rdquo; se da la maravilla de la donaci&oacute;n                        conyugal que no s&oacute;lo es fuente de felicidad, y lugar                        generador de nuevas vidas humanas, sino camino de aut&eacute;ntica                        madurez y perfecci&oacute;n para el hombre y la mujer.</p>                     <p> Es f&aacute;cil comprender que una sociedad inundada por                        estas im&aacute;genes &ndash;de las que quien lo quiera                        dif&iacute;cilmente puede librarse de ellas, aunque quiera,                        porque es lo que est&aacute; en la calle, en las revistas,                        en el cine, en las tiendas...&ndash; no puede al mismo tiempo                        dar a la mujer el respeto que le corresponde; no tendr&aacute;                        consideraci&oacute;n por la familia, ni autoridad moral                        para hacer frente a la educaci&oacute;n de las nuevas generaciones.                        Una sociedad as&iacute; est&aacute; cavando su propia tumba.                        Esta realidad logra opacar los indiscutibles logros en el                        terreno de la moda; a pesar de todos ellos, si la moda no                        va de acuerdo con la dignidad de la persona, falla en lo                        esencial. Un vestido puede estar hecho por el mejor modisto,                        con telas bell&iacute;simas, corte impecable, y a la vez                        no servir para &ldquo;vestir&rdquo; a la usuaria, porque                        no respeta su dignidad. En otras palabras, porque ignora,                        pasa por alto, desprecia o frontalmente destruye una de                        las actitudes m&aacute;s importantes para el pleno desarrollo                        de la persona, y m&aacute;s necesarias para la convivencia                        social: la defensa de su intimidad. De una moda as&iacute;                        puede decirse que necesariamente tiene que cambiar, si quiere                        adecuarse a la condici&oacute;n humana, a reflejar lo que                        la persona tiene de m&aacute;s valioso, y para beneficiar                        a quien la usa y a toda la sociedad.</p>                     <p> <em>2.3.5 &iquest;Por qu&eacute; defender la intimidad?</em>:                        Una de las tendencias m&aacute;s lamentables de nuestra                        &eacute;poca es el deseo de hacer desaparecer toda intimidad.                        En todos los ambientes, por todos los medios: desde la promoci&oacute;n                        a los programas televisivos en los que el p&uacute;blico                        es introducido hasta las esferas m&aacute;s privadas, hasta                        la insistencia en acostumbrar a los ni&ntilde;os de kindergarten                        a usar ba&ntilde;os mixtos y duchas sin cortina. En el campo                        de la moda, esta tendencia se traduce en piezas de vestir                        que no velan la intimidad f&iacute;sica, sino que la colocan                        a la vista de todos. Pero se trata de un grave error: la                        intimidad corporal requiere &ldquo;a gritos&rdquo; esa protecci&oacute;n;                        el impudor es realmente una violaci&oacute;n de un derecho                        humano esencial. Quien usa un vestido imp&uacute;dico est&aacute;                        haciendo varias cosas a la vez: comunica sin palabras a                        quienes la rodean que o bien no tiene intimidad que custodiar,                        o bien que ignora que esta intimidad requiere custodia;                        o bien voluntariamente desea descubrirla. No tiene inter&eacute;s                        en ser conocida como persona, alma y cuerpo; por otra parte,                        manifiesta escaso respeto hacia el derecho de los que la                        rodean. Podr&iacute;a alguien preguntarse si el derecho                        humano no es m&aacute;s bien a ense&ntilde;ar el cuerpo                        y usarlo como mejor le parezca a cada quien; si as&iacute;                        fuera, ejercitar este derecho se opondr&iacute;a frontalmente                        al derecho de los dem&aacute;s a mantener su integridad.                        Ser obst&aacute;culo ir&iacute;a en perjuicio del derecho                        del otro al respeto. </p>                     <p>Es cierto que el vestido modesto no es en s&iacute; mismo                        garant&iacute;a ni de pudor ni de buena conducta; puede                        ocurrir que una mujer vaya cubierta de la cabeza a los pies,                        pero que mire, hable y se conduzca en forma desvergonzada.                        Pero lo contrario no suele ser posible; quien tiene conciencia                        de su dignidad vela cuidadosamente el cuerpo ante los dem&aacute;s.                        Es adem&aacute;s una de las garant&iacute;as de que ser&aacute;                        reconocida como persona. El vestido que en vez de velar,                        desvela, realmente dificulta la comunicaci&oacute;n con                        la persona entera, porque atrae la atenci&oacute;n hacia                        una parte: el cuerpo, y, de &eacute;ste, justamente lo que                        es m&aacute;s &iacute;ntimo.</p>                     <p> Hay una gran falta de coherencia: la legislaci&oacute;n                        de casi todos los pa&iacute;ses regula la oferta de pornograf&iacute;a,&ndash;                        ubicaci&oacute;n, prohibici&oacute;n de vitrinas, etc.&ndash;,                        pero el mismo veneno se expende libre de trabas por otros                        canales: medios de comunicaci&oacute;n. No es necesario                        detenerse a explicar los rasgos de impudor presentes hoy                        en la moda: saltan a la vista. Invaden las pasarelas, saltan                        a los medios de comunicaci&oacute;n, son usados por multitudes...                        La imagen femenina, completamente despojada del encanto                        y &ldquo;misterio&rdquo; derivados del pudor, se usa como                        se podr&iacute;a emplear la de una planta, un biftec o una                        piedra. Se la trata como un objeto de consumo, como &ldquo;carnada&rdquo;                        para vender m&aacute;s, sea cual sea el producto de que                        se trate.</p>                     <p> <em>2.3.6 La violaci&oacute;n del derecho a la intimidad                        corporal</em>: El pudor &ndash;protecci&oacute;n de la intimidad&ndash;                        es realmente un derecho de la persona. Sin embargo, por                        diversas razones se ha perdido esta noci&oacute;n, hasta                        llegar a convencerse de que el impudor es lo leg&iacute;timamente                        humano. Estamos en un momento en el que el naturalismo ha                        tra&iacute;do consigo un materialismo exacerbado, y el escepticismo                        denuncia como &ldquo;agresivo&rdquo; cualquier intento de                        descubrir fundamentos s&oacute;lidos en los que apoyar la                        realidad del hombre, y por lo tanto la moralidad.</p>                     <p> La moda atenta frontalmente contra la dignidad de la mujer                        cuando la presenta como &ldquo;objeto de deseo&rdquo;. Prescinde                        de su espiritualidad, de la nobleza de sus facultades, de                        su origen (criatura) de su fin (Dios mismo), para colocarla                        en el mismo nivel que, por ejemplo, un plato de comida.                        Presentar un alimento como &ldquo;objeto de deseo&rdquo;                        es l&oacute;gico y natural, dentro de los cauces que se&ntilde;ala                        la recta raz&oacute;n. La hamburguesa, la paella o el helado                        de chocolate no tienen m&aacute;s dimensi&oacute;n que la                        material, ni m&aacute;s finalidad que servir a la conservaci&oacute;n                        y desarrollo de la vida del hombre. Pero considerar as&iacute;                        a un ser humano, sea quien sea y en las circunstancias que                        sea, no es simplemente un error, sino una estafa y un insulto.</p>                     <p> Si le doy un puntapi&eacute; a una piedra que encuentro                        en mi camino, nadie me lo puede reclamar: es solamente una                        &ldquo;cosa&rdquo;, un ente inanimado, tiene su funci&oacute;n,                        pero no require una consideraci&oacute;n especial. Si le                        doy un puntapi&eacute; a un gato, el <em>scenario</em> es                        distinto, metaf&iacute;sicamente hablando: es un ser animado,                        con una dotaci&oacute;n neurologial que le permite sentir;                        no ser&iacute;a correcto dedicarme a provocarle dolor, s&oacute;lo                        por satisfacer una tendencia desordenada de dominio mal                        entendido, darle rienda suelta al mal humor, etc. Porque                        Micifuz no es &ldquo;una cosa&rdquo;: es ya algo m&aacute;s:                        un ser vivo. Aunque exista, en ultimo extremo, en funci&oacute;n                        del hombre, merece, como toda la Creaci&oacute;n, respeto.                        Al pensar en el ser humano, entramos en un <em>scenario</em>                        diferente. Entre el animal m&aacute;s desarrollado y el                        hombre, media un abismo cualitativo. El hecho de poseer                        un alma immortal nos coloca en otra dimensi&oacute;n. Por                        esto, si tratar al gato como si fuera una piedra es ya cuestionable,                        tratar a una persona como si fuera un gato es simplemente                        inaceptable. Por eso resulta sorprendente la perseverancia                        con que muchos pretenden hacerlo. Lo l&oacute;gico ser&iacute;a                        dedicar los esfuerzos a promover y hacer que brillara la                        dignidad humana. Lo il&oacute;gico es lo contrario. Pero                        basta ver un desfile de modas actual para darse cuenta de                        que esta ilogicidad parece haber adquirido dimensiones de                        epidemia.</p>                     <p> En el terreno del vestir, como en tantos otros campos                        de la vida humana, todo tipo de exhibicionismo est&aacute;                        completamente fuera de lugar. Si lo que fue creado para                        ser protegido cuidadosamente, se pone en la v&iacute;a p&uacute;blica,                        se agosta, pierde todo su encanto y su valor. Pero es m&aacute;s:                        se convierte en un elemento t&oacute;xico, nocivo, porque                        no ayuda a que en las personas domine la raz&oacute;n sobre                        las tendencias; por el contrario, &ndash;por la inclinaci&oacute;n                        de la naturaleza humana a obrar de modo opuesto al que le                        llevar&iacute;a a su perfecci&oacute;n, realidad que la                        teolog&iacute;a cat&oacute;lica denomina &ldquo;reliquias                        del pecado original&rdquo;&ndash; constituyen un obst&aacute;culo                        para el perfeccionamiento de quienes est&aacute;n alrededor,                        y se ven sometidos a la presi&oacute;n que supone este exhibicionismo.                        Vestir sin pudor es &ldquo;una amenaza&rdquo; para el entorno.                        Algunos tal vez lo promuevan por la satisfacci&oacute;n                        de perjudicar a los dem&aacute;s, pero &ndash;si existen&ndash;                        seguramente son los menos. La mayor&iacute;a de los creadores,                        promotores, distribuidores y usuarios de este tipo de moda                        probablemente ignoran esta realidad humana, o simplemente                        la hacen a un lado, para ganar dinero, para ser admirado,                        o para atraer hacia su persona la sensualidad ajena.</p>                     <p> <em>2.3.7 &iquest;La dama elegante o la dama incoherente?</em></p>                     <p> As&iacute; como se presente la mujer, as&iacute; mismo                        ser&aacute; evaluada y tratada. Esto conlleva muchas tristes                        experiencias en las jovencitas que ingenuamente se dejan                        manipular por los dictados de la moda o imitan alg&uacute;n                        &iacute;dolo que esta en boga hasta el punto de ponerse,                        por as&iacute; decirlo, su disfraz, y se hallan de pronto                        desempe&ntilde;ando un papel que no hab&iacute;an deseado                        (48).</p>                     <p> En las d&eacute;cadas recientes se ha hecho mucho &eacute;nfasis                        en fomentar una moda &ldquo;aut&eacute;ntica&rdquo;: natural,                        nacida &ldquo;de la calle&rdquo; &ndash;la moda &ldquo;grunge&rdquo;,                        por ejemplo, afortuna-damente de corta duraci&oacute;n;                        el &ldquo;urban chic&rdquo;, los pantalones de mezclilla                        deshilachados, ra&iacute;dos y rasgados&ndash; y sobre todo                        liberada de cualquier &ldquo;convencio-nalismo&rdquo;. Pero                        en realidad, muchas modas que buscan la autenticidad favorecen                        la incoherencia. Se podr&iacute;a hablar de una moda &ldquo;aut&eacute;ntica&rdquo;                        si refleja lo que la persona es. Pero la proliferaci&oacute;n                        de modas contrarias al pudor han tra&iacute;do consigo un                        curioso fen&oacute;meno: mujeres que son (o profesan ser)                        buenas esposas y madres, no tienen reparo en vestirse como                        si fueran mujeres de mala conducta.</p>                     <p> &ldquo;La sociedad de consumo actualmente presenta a la                        mujer como una seductora agresiva sin escr&uacute;pulos.                        H&aacute;biles negociantes y publicistas explotan esa imagen                        y logran depravar el buen gusto innato de muchas mujeres,                        las incitan a gastar su dinero ganado con tanto esfuerzo,                        en cosas que en realidad no necesitan y a ponerse prendas                        que parecen dise&ntilde;adas por su peor enemigo. Hay quienes                        obedecen ingenuamente el dictado de la moda y se ven disfrazadas                        con un clis&eacute; que no corresponde a su manera de ser&rdquo;(49)                        . &iquest;Por qu&eacute;? Probablemente en la mayor&iacute;a                        de los casos se trate de simple inconciencia, frivolidad,                        deseo de seguir la moda para llamar la atenci&oacute;n,                        para parecer actual, para evitar a cualquier coste ser considerado                        &ldquo;antiguo&rdquo;, &ldquo;conservador&rdquo;, y otros                        calificativos similares.</p>                     <p> Algunos aducen que en el pasado las conductas eran igualmente                        contrarias a la moral, pero pasaban inadvertidas, y la moda,                        en general, no permit&iacute;a advertirlo. Es una explicaci&oacute;n                        simplista e inexacta: aunque siempre ha habido conductas                        personales contrarias a la ley moral que tal vez se disimulaban                        bajo un ropaje de dignidad, es innegable que la enorme difusi&oacute;n                        que tiene actualmente cualquier peque&ntilde;a noticia,                        mucho m&aacute;s las im&aacute;genes, hace que estemos expuestos                        a una verdadera exacerbaci&oacute;n que contribuye al deterioro                        moral. El esfuerzo por conseguir la integraci&oacute;n de                        la personalidad resulta mucho m&aacute;s dif&iacute;cil                        en un contexto de est&iacute;mulos constantes que empujan                        no hacia la libertad, sino hacia el libertinaje.</p>                     <p> En resumen, el simple hecho de que se dise&ntilde;e este                        tipo de moda irrespetuosa de la intimidad es ya ofensivo                        para toda mujer; y ganar cada vez m&aacute;s dinero a costa                        de esta moda es una verdadera explotaci&oacute;n; y que                        las &ldquo;leyendas&rdquo; de la moda sean en muchos casos                        mujeres que no parecen tener pudor de ning&uacute;n genero                        es un atentado contra la convivencia social. No se puede                        ignorar que la moda inmoral, o refleja una vida inmoral,                        o al menos incita a ella. (De aqu&iacute; la incongruencia                        de denunciar &ldquo;acosos&rdquo; que no son m&aacute;s                        que respuestas l&oacute;gicas a la manera de presentarse                        de la mujer). De esta incitaci&oacute;n se derivan conductas                        contrarias a la fidelidad matrimonial, que a su vez tienen                        consecuencias desastrosas para las nuevas generaciones,                        y para la estabilidad y bienestar de toda la sociedad. </p>                     <p>Hay mucho bueno en el mundo de la moda, muchos medios materiales,                        mucha ilusi&oacute;n profesional, mucho esfuerzo laboral...                        Pero tambi&eacute;n hay fallos en puntos fundamentales,                        y conocerlos es un gran espol&oacute;n para animar los esfuerzos                        y para remediar estos fallos. Como est&aacute;n &iacute;ntimamente                        relacionados con el deterioro moral innegable que experimenta                        nuestra sociedad, mejorar estos aspectos de la moda y de                        la conducta de las personas en relaci&oacute;n con ella                        no es tarea f&aacute;cil. Pero tampoco es imposible. Yo                        dir&iacute;a que es un desaf&iacute;o que se presenta frente                        a quienes no est&aacute;n dispuestos a contemplar impasiblemente                        la degradaci&oacute;n de una realidad humana tan valiosa,                        y sue&ntilde;an con una moda y una sociedad m&aacute;s acorde                        con la dignidad de sus integrantes. Y aceptar este reto                        puede comenzar por reflexionar sobre una moda bella, atractiva,                        digna y respetuosa, genuinamente humana. </p>]]></description><pubDate>Thu, 27 Mar 2008 14:15:00 +0000</pubDate></item><item><title>HISORIA DE LA MODA</title><link>https://disenodemoda.blogia.com/2008/032704-hisoria-de-la-moda.php</link><guid isPermaLink="true">https://disenodemoda.blogia.com/2008/032704-hisoria-de-la-moda.php</guid><description><![CDATA[<h2 align="center"> <span class="mw-headline">Nacimiento de la moda</span>&nbsp;<span class="editsection" style="font-size: small; font-weight: normal; float: none; margin-left: 0px"></span></h2> <p>La moda es algo cultural, expresa el esp&iacute;ritu del tiempo y es uno de los indicios m&aacute;s inmediatos de los cambios sociales, pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y culturales. Moda es lo que m&aacute;s se repite ya sea en el mundo de la costura o en matem&aacute;ticas. Un ejemplo es: si se pusiera de <em>moda</em> el rubio la mayor&iacute;a de chicas se te&ntilde;ir&iacute;an el pelo para tenerlo de ese color e ir a la moda. Forma parte de la sociedad.</p> En cuestiones geom&eacute;tricas, la moda es el dato que tiene una mayor frecuencia, es decir que se repite entre un grupo de datos, un numero determinado de veces, que es mayor al de las otras variantes. La moda nace generalmente en estos tiempos cuando a una persona se le ocurre un ideal ya sea pensamientos, formas de vestir y peinarse el cual lo sigue y busca o invita a las personas para que tambien lo sigan. Moda es tambien la forma de comportamiento,puede desirce que&nbsp;:esta de moda el que los hijos se rebelen en estos tiempos ejemplos como estos abarcan muchos conceptos de moda]]></description><pubDate>Thu, 27 Mar 2008 14:12:00 +0000</pubDate></item><item><title>MODA</title><link>https://disenodemoda.blogia.com/2008/032703-moda.php</link><guid isPermaLink="true">https://disenodemoda.blogia.com/2008/032703-moda.php</guid><description><![CDATA[<div>PARA LO  QUE NO SABEN QUE ES MODA  A CONTINUACION TENGO UN ARTICULO MUY IMPORTANTE PARA USTEDES</div><div><img src="/tinymce/jscripts/tiny_mce/plugins/emotions/images/smiley-laughing.gif" border="0" alt="Riendo" title="Riendo" /></div><div><p><strong>La </strong><strong>moda</strong> (del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Idioma_franc%C3%A9s" title="Idioma franc&eacute;s">franc&eacute;s</a>, <em>mode</em> y &eacute;ste del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Lat%C3%ADn" title="Lat&iacute;n">lat&iacute;n</a>, <em>modus</em>, modo o medida) indica en su significado m&aacute;s amplio una elecci&oacute;n o, mejor dicho, un mecanismo regulador de elecciones, realizadas en funci&oacute;n de unos criterios de gusto.</p> <p>Seg&uacute;n la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/RAE" title="RAE">RAE</a>, se refiere al "Uso, modo o costumbre que est&aacute; en alza durante alg&uacute;n tiempo, &oacute; en determinado pa&iacute;s, con especialidad en los trajes, telas y adornos, sobre todo los reci&eacute;n introducidos."</p> <p>Seg&uacute;n el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Marketing" title="Marketing">marketing</a> la moda es un fen&oacute;meno eterno y siempre nuevo, universal y concreto, que tiene sus ra&iacute;ces en la imitaci&oacute;n. Moda es lo actual, o lo que est&aacute; en vigor e interesa a una mayor&iacute;a en un momento determinado. Sin embargo, en ocasiones, aplicada al dise&ntilde;o y en especial a la indumentaria es aquel atuendo, estilo, prenda, color o complemento, que se lleva por parte del grupo socialmente m&aacute;s importante o hegem&oacute;nico o exclusivo, que es el capaz de influir en los dem&aacute;s.</p> </div>]]></description><pubDate>Thu, 27 Mar 2008 14:07:00 +0000</pubDate></item><item><title>BIENVENIDOS A MI BLOG</title><link>https://disenodemoda.blogia.com/2008/032702-bienvenidos-a-mi-blog.php</link><guid isPermaLink="true">https://disenodemoda.blogia.com/2008/032702-bienvenidos-a-mi-blog.php</guid><description><![CDATA[<div>HOLA  soy Laura Batlle y esta pagina es para todos los aficionados a la moda </div><div> </div><div> </div><div>ESPERO QUE LE GUSTE MUCHO ESTA PAGINA.....! </div>]]></description><pubDate>Thu, 27 Mar 2008 14:00:00 +0000</pubDate></item><item><title>Bienvenido</title><link>https://disenodemoda.blogia.com/2008/032701-bienvenido.php</link><guid isPermaLink="true">https://disenodemoda.blogia.com/2008/032701-bienvenido.php</guid><description><![CDATA[Ya tienes weblog.<br /><br />Para empezar a publicar artículos y administrar tu nueva bitácora:</p> <ol>   <li> busca el enlace <strong>Administrar</strong> en esta misma página. <br>   </li>   <li>Deberás introducir tu clave para poder acceder.</li> </ol> <p><br> Una vez dentro podrás: </p> <ul>   <li>editar los artículos y comentarios (menú <strong>Artículos</strong>); <br>   </li>   <li>publicar un nuevo texto (<strong>Escribir nuevo</strong>); <br>   </li>   <li>modificar la apariencia y configurar tu bitácora (<strong>Opciones</strong>); <br>   </li>   <li>volver a esta página y ver el blog tal y como lo verían tus visitantes (<strong>Salir al blog</strong>). </li> </ul> <p><br> Puedes eliminar este artículo (en Artículos &gt; eliminar). ¡Que lo disfrutes!]]></description><pubDate>Thu, 27 Mar 2008 13:56:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
